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Del Miedo a la Esperanza

Excerptas de la
HOMILÍA DE MONS. GREGORIO ROSA CHÁVEZ, OBISPO AUXILIAR DE SAN SALVADOR, EN EL XXIV ANIVERSARIO DEL ASESINATO DE MONSEÑOR OSCAR ARNULFO ROMERO, 24 DE MARZO DEL 2004
...Y tres días después de las elecciones presidenciales (Domingo, 21 Marzo 2004)...

English Version

Catedral Metropolitana, San Salvador


El domingo pasado, a las 5:30 pasé junto a esta plaza rumbo al aeropuerto. Estaban preparando una fiesta, una fiesta que no llegó. Seguimos escuchando la radio en todo el camino hasta el aeropuerto; llevaba mi radio de transistores. Seguí escuchando la radio dentro del aeropuerto y también dentro del avión. Las primeras noticias fueron muy optimistas. A las 6:30 el IUDOP dio los datos finales y luego vino el análisis de lo que había pasado....

...Muchos salvadoreños le tienen miedo al futuro y le tienen miedo a la esperanza; por eso el domingo pasado pasó lo que pasó. A este propósito escuché interesantes comentarios esa noche en YSUCA, en un diálogo con Carlos Ayala y expertos que estaban invitados, que tampoco salían de su asombro ante los resultados. Y en ese contexto me vino otro pensamiento de Monseñor Romero que lo pronunció el 30 de 1978. Dijo Monseñor:
“lo primero que debe hacer una educación es encarnar al hombre en la realidad, saberla analizar, ser críticos de su realidad. Una educación que sea educación para una participación política, democrática, consciente. Esto, ¡cuánto bien haría!”

Tenemos esa tarea pendiente, aunque hemos avanzado mucho: educar para la democracia, educar para la participación política, educar para la verdadera ciudadanía. Los Obispos de El Salvador publicamos una Carta Pastoral en los días recientes con este tema: hay que formar laicos capaces de transformar el mundo, de transformar la historia. ...
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...Yo veo tres palabras... para mirar al futuro: la primera es desafío; la segunda es discernimiento; la tercera es compromiso. El desafío lo plantea la realidad en la que nos toca -como lo hizo Monseñor Romero en su tiempo, mucho más difícil que el nuestro- dar buenas noticias. Él dijo un día en una homilía, pensando en su muerte: “la palabra queda y ése es el consuelo del que predica. Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones de quienes la hayan querido recoger”. Tenemos el desafío de seguir adelante sin perder la esperanza. Luego discernimiento; se impone un discernimiento, que aquí tiene varios elementos: primero, un análisis objetivo de lo que pasó; segundo, una autocrítica; y tercero, valentía y humildad para aceptar la verdad. Y finalmente compromiso, el compromiso de decirle no al miedo y decirle sí a la esperanza.

Y todo esto en un clima de diálogo, de concertación entre nosotros, evitando la tentación que ya está presente, de ver cuáles cabezas tienen que rodar. Por ese camino vamos todos al abismo. Pero para este futuro que soñamos tenemos todos un compromiso; lo cantamos en el canto de entrada: “cada quien con su taburete tiene un puesto y una misión”“. ¿Cuál es la misión de nosotros, de la Iglesia? Tiene la Iglesia, las iglesias, una responsabilidad de acompañar al pueblo desde su propia identidad y con plena libertad.

También tienen una responsabilidad los dirigentes políticos que no deben olvidar que su principal compromiso es con el bien común de todos, pero sobre todo de los más pobres, de los marginados y de los excluidos. Hay una responsabilidad, asimismo, para los dirigentes sociales, que no deben dejarse vencer por el cansancio, el pesimismo y las divisiones. Y hay una responsabilidad para los que nos profesamos seguidores de Jesucristo, para los cristianos...

...Los cristianos no podemos olvidar que la fe en la vida eterna nos lleva a transformar este mundo. En la Carta Pastoral de los Obispos Testigos de Cristo en la Iglesia y en el mundo, en el número 51, recordamos a Monseñor Romero:
“En su última homilía, Monseñor Romero leyó íntegramente un texto del Concilio Vaticano II, en el cual se afirma que ‘la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino mas bien avivar la preocupación de perfeccionar esta tierra’. La fe en la vida eterna no nos aliena sino que nos da una energía insuperable para transformar la historia según el designio salvador de Dios revelado en Cristo. Ésta es la apasionante tarea de los fieles laicos porque el progreso temporal ‘en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana interesa en gran medida al Reino de Dios’”.

Nosotros esta noche queremos renovar el compromiso con los más pobres de El Salvador. Por eso no podemos quedarnos con los brazos cruzados llorando una tierra que no llegó; al contrario tenemos que darle alma a este país. Si nosotros nos quedamos con los brazos cruzados el país se queda sin alma y la economía va a estar al servicio del lucro y no de la persona humana. Si nos quedamos con los brazos cruzados, no se cumplirá la frase de San Ireneo que Monseñor Romero mencionó en Lovaina cuando fue declarado Doctor Honoris Causa: “La gloria de Dios es que el pobre viva”.

Si nos quedamos con los brazos cruzados tendremos “Mano dura y súper dura” y no la ternura de Dios que quiere que toda persona tenga en la vida una oportunidad. Yo escribí desde México una carta al nuevo Presidente y le decía en esa carta que nosotros queremos hablar con él sobre la violencia juvenil. Le decía: nosotros vemos el problema desde las causas no desde los efectos; y tenemos como lema: “Los jóvenes y las jóvenes en crisis tienen derecho a una oportunidad”.

En el siglo tercero se escribió una carta hermosísima sobre los que es el cristiano en el mundo. Esa carta dice: “lo que es el alma en el cuerpo, eso deben ser los cristianos en el mundo”. Eso queremos ser nosotros, Monseñor Romero, en memoria tuya y para gloria de Dios.

Pero también hay una responsabilidad -y vuelvo al tema- para los hombres y mujeres que, sin ser creyentes, tienen un compromiso con la dignidad humana: les pedimos que no abandonen los sueños de que un día las cosas podrán ser diferentes...

...En presencia de ustedes, con todo el país oyendo esta homilía, quiero decir unas palabras al nuevo Presidente de El Salvador. La primera palabra es que el país nos necesita a todos: el país no es viable si no somos incluidos todos en un proyecto de nación que favorezca a los más desposeídos.

La segunda palabra al futuro Presidente es que muchos pobres han creído en las promesas de su campaña: estaremos atentos para que esas promesas se conviertan en realidad.

La tercera palabra es sobre la violencia juvenil. ¿Por qué un joven cae en la violencia? ¿Por qué un joven cae en la droga? Porque se les cierran las puertas, porque no puede terminar sus estudios, porque no puede obtener un trabajo digno, porque no tiene futuro porque le matan la esperanza. Esperemos pues, que seamos capaces nosotros de acompañar lo mejor que haya en el programa de gobierno para que los pobres tengan vida y la tengan en abundancia.

Cuando venía hacia esta Catedral me preguntaba: “¿Cómo voy hacer para levantarle el ánimo a la gente?” Pero el ánimo se los levantó Monseñor Romero.

Ahora convirtamos en plegaria y en compromiso nuestro sueño: queremos un país diferente, justo, fraterno, solidario y en paz. No estamos solos en esta tarea, el mundo entero nos mira con admiración y simpatía. Monseñor Romero sigue inspirando nuestro caminar y Dios sigue caminando con su pueblo. Vamos ahora a unirnos en oración para que esto que hemos soñado juntos, Dios lo vaya construyendo con nuestras manos: porque Dios no tiene manos, sólo tiene nuestras manos.


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